Si sabemos que una gripe dura una semana o siete días,  no sabemos todavía hasta cuando puede durar la crisis en la que estamos instalados. Lo que empieza a parecer claro es que no habrá paso adelante hasta que la bajada de precios haya tocado fondo y el ministro de Guindos está dispuesto a acelerar el proceso.

Ya nos alertaban en el discurso de investidura sobre dudosa valoración de los activos menos líquidos como solares o promociones paradas podría estar “impidiendo un acceso adecuado de las entidades financieras a mercado, y a la vez, contaminan la credibilidad de la deuda pública“, y nos anunciaban “medidas que supondrán la asunción de pérdidas latentes u ocultas” que aún no han sido asumidas.

Para acabar con las dudas sobre la valoración de activos inmobiliarios que suman cerca de 320.000 millones de euros y que “afectan el acceso a los mercados mayoristas y también a la prestación de crédito“, se obligará a las entidades financieras a dotarse antes de acabar el año con una provisión total de 50.000 millones sobre activos inmobiliarios problemáticos y no problemáticos. Para De Guindos esta sería la cifra global del “problema inmobiliario” español: 50.000 millones, un 4% del PIB.

Se espera que estas medidas empujen a la banca a poner a la venta inmuebles de su carteras literalmente al precio que sea, lo que debería empujar a la baja el conjunto del mercado. Es altamente probable que esto sea así o al menos que contribuya a hacer aún más grande el ya ancho diferencial que encontramos entre los valores de oferta y los precios de venta final. Durante el próximo año, quien quiera vender tendrá que asumir renunciar a un 25-35% del valor ofertado o resignarse a esperar algunos años más. O como resumía Fernando Encinar en su Twitter: “Si vendes una casa y tienes una oferta, por agresiva que te parezca, acéptala! Coge el dinero y corre”. Es previsible que esta nueva situación sea aprovechada por particulares inversores que llevaban años esperando el momento propicio.

Sin embargo, tendrán que esperar aquellos que desean una reactivación en el gremio dela construcción. Si bien estas medidas pueden hacer menos lejano el reinicio de esta actividad, parece claro que con los precios de venta que alcanzaremos y con los costes de construcción actuales, no se detecta aún oportunidad de negocio.

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